La Señorita Helena

Villa Gesell es una ciudad con su propia idiosincrasia nacida del sueño tenaz de su fundador. Esa integración de médanos costeros, calles de arena y pinos  que traen a la imaginación los vestigios de la antigua bohemia hippie de los años sesenta.  Una  impronta particular,  única, que atrae y que algunos eligen para transcurrir sus años de vejez.  Así sucedió en la historia de la Srta. Helena, soltera, contadora, nacida el 14 de marzo de 1917 en la Provincia de Entre Ríos.  Helena y su única hermana Marta eran descendientes de un ilustre personaje de la historia argentina. Helena junto a su hermana Marta y su cuñado Cesar venían todos los veranos a Villa Gesell durante un mes, a disfrutar de sus vacaciones en la casa que habían construido en el Barrio Norte de la ciudad. Cuando ambas mujeres quedan solas (Marta queda viuda ) y ya jubiladas, deciden mudar su domicilio a Villa Gesell. Años después fallece Luisa y Helena con edad avanzada queda viviendo sola y sin familiares ni descendientes en la casa familiar. Su vida ingresa al juzgado cuando ya ella tenía 94 años, el día 12 de agosto de 2011. Una amiga, longeva como ella, se presentó en el Juzgado de Paz a denunciar la gravísima situación en que se encontraba en esos momentos Helena. Nos expresaba que su amiga había sido internada sin su consentimiento por la mujer que supuestamente la cuidaba en un geriátrico de la ciudad y temía por su integridad física.  Ante la denuncia se dictaron una serie de medidas judiciales cautelares, ordenándose el reintegro a su hogar con la realización de informe socio ambiental. En ese informe describía la Asistente Social del Juzgado Lic.Silvia Ofelia Rodriguez  a Helena: 

     “…La Srta. H.  es una persona anciana, que camina con lentitud y por momentos se afirma sujetándose de los pasamanos, y se muestra gustosa de sostener el dialogo. Es una persona culta, refinada, con un dominio lingüístico brillante, de rasgos delicados y porte elegante. Disfruta hablando de historia, literatura, y se muestra como una persona de un caudal intelectual y cultural poco frecuente. Por momentos se emociona y manifiesta un altísimo nivel de angustia…”  

Surgía un entramado delictivo donde la anciana  era su víctima, cercada por estas personas, aves de rapiña sobrevolando la vida de una mujer desvalida y sola.   Aislada, dopada por medicación que le habían suministrado, en un lugar inhóspito, sacada de su hogar mediante engaños y despojada de la mayoría de sus pertenencias, así se encontraba Helena al momento en que el Juzgado interviene en su vida.

Todo el movimiento judicial permitió neutralizar la acciones maliciosas y delictivas, disponiéndose, con la colaboración sensible del Servicio Social de P.A.M.I. de Villa Gesell, de una serie de medidas indispensables para que Helena pudiera vivir en su casa .

La Asistente Social, Lic. Rodriguez, realizaba periódicas visitas para poder informarnos sobre el estado de salud y emocional de Helena, y a través de estos encuentros se fue generando entre ambas un vínculo afectivo.  Así, poco a poco, se pudo ir reconstruyendo la paz en su vida. Se le asignó también una Defensora Oficial para tener contacto permanente con ella.

Por mi parte, como juez de la causa, conocí personalmente a Helena, venía a verme al juzgado cuando tenía alguna inquietud y también la he visitado en su hogar para interiorizarme de su situación presente y fundamentalmente para poder escucharla.  Ella era feliz cuando se la visitaba en su hogar. Se acicalaba con esmero para la ocasión y solía  recibirnos con una torta azucarada de zanahoria que preparaba especialmente.  Creo que así como sucede cuando de niños se trata, los ancianos también necesitan el contacto personal y deben  ser escuchados por la Justicia; las modalidades para hacerlo son accesorias. Mi manera de hacerlo era trasladándome a su domicilio o atendiéndola cuando venía personalmente al Juzgado.  Nada suple la humanidad del trato personal tierno y respetuoso. Escucharla  era también brindarle de mi tiempo sin ansiedad, era lo que ella necesitaba en esas visitas. Fue para mí una experiencia inolvidable. En esas ocasiones tuve también el privilegio de escuchar historias y anécdotas de otros tiempos contados por ella con una gracia y lucidez singular. Con sus relatos venía a mí y a todos los que tuvimos la suerte de escucharla,  imágenes  de nuestro pasado histórico nacional,  instantes cotidianos de otras épocas, otras costumbres, contados con memoria asombrosa. La vida de Helena fue parte de mi función como juez y como persona. Había asumido la responsabilidad de protegerla institucionalmente con todos los resortes institucionales y humanos para ese fin, sabía que a sus 94 años de edad el reloj de su vida era implacable.  Múltiples circunstancias e inconvenientes se fueron resolviendo para que la calidad de su existencia fuera lo mejor posible frente a la iniquidad del delito que la había dejado sin dinero, salvo su magra jubilación y su casa.  La abogada que se le había designado como Defensora Oficial, también estableció con ella un lazo afectivo realizando para ella innumerables actos de amor que no están en los libros del Derecho pero si en los de Humanidad. Así transcurrió Helena sus últimos años de vida, ya con la salud muy deteriorada fue su voluntad trasladarse de su casa a un geriátrico.  La seguimos visitando en su nuevo domicilio hasta sus últimos días. Sudefensora oficial la integró a su familia en paseos y fiestas familiares y cuando cumplió  noventa y siete años, le organizó un pequeño festejo en una confitería de la ciudad.  Fuimos especialmente invitados los integrantes del Juzgado y amigos longevos de Helena, quedando el emotivo momento registrado en múltiples fotos.  Falleció unos pocos días antes de cumplir sus noventa y ocho años de edad, el  día 10 de marzo de 2015.   Este es mi homenaje a su maravillosa persona y a todos los que hicieron posible instalar algunos instantes de ternura y alegría en sus últimos años de vida.  Pudimos construir entre todos una justicia con amor para Helena, vivenciando que  una “justicia”  con amor es siempre justa. 

2011 “U.M.H.” 

*Los nombres son ficticios a excepción de la profesional interviniente.