Cuestion de dignidad.

 

 

de Graciela Dora Jofré

Frenillos en los dientes, contextura pequeña. Entro en la sala de audiencia con  su patineta, le daba seguridad  Ya era mayor de edad. Como jueza debía corroborar si su presentación escrita con su abogada era realmente su voluntad. Si era lo que el quería todo aquello que manifestaba habría sufrido de su madre.

 Entro en confianza con ella sintiendo que era receptiva a lo que quisiera trasmitir y así le conto, entre sonrisa y ojos brillantes, esas anécdotas de humillación y avasallamiento de su madre a el, a su dignidad, desde ese lugar de poder que como adulta materna tenía sobre el. “-No quiero mas que le reclame alimentos a papa, él siempre estuvo a mi lado, siempre me ayudo económicamente. Ella nunca me dio el dinero que el le daba a ella como alimentos para mi. Nunca vi esa plata porque ella se la gastaba. – Noté que cuando el vio que avalaba sus percepciones, su rostro denotaba distensión, se sentía respetado. Ya no quería mas conflictos, buscaba paz, armonía para comenzar sus proyectos, ser chef, viajar a Barcelona donde su padre tenia un bar y estar unos años allí. Traté de transcribir en lo escrito lo esencial, no complicarle mas la situación traumática con su madre. Al despedirme, ya concluida la audiencia, le pregunto: ¿Puedo darte un abrazo? Y así fue su despedida, una lucecita de amor en un día laboral complejo, con variadas oscuridades. Abrazar como un puente de afecto y sobre todo de respeto a la dignidad  de sus 18 años. Decir una verdad que conmueve en su vínculo con una figura poderosa, su madre requería coraje en el dolor. Sentía que al dignificarlo le abría la puerta a su propio proyecto de vida. Esperanza y confianza en si mismo. Salir de una crisálida de desazón y tristeza indispensable para crecer y ser libre.  En un gesto  reafirmar lo que el en esa audiencia pudo hacer. En su valor legitimidados sus sentimientos y sueños expresados para ser lo que libremente quería ser en su futuro.

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